miércoles, 6 de noviembre de 2013

Jagermeister.

A mí no me asustan las enfermedades del corazón, ni las del hígado, ni las del cerebro. A mí hoy me importan otras cosas, como vivir otra realidad, desfasarme, desgastar mi mente que no para de pensar.  A mí me interesa el Pili Juiceeee porque con él no siento las cosas que siento normalmente. Siento las cosas que quiero sentir, en estos instantes la vida es un vuelo del que nunca caigo. Ni me molesta la mosca que me lleva dando por culo toda la tarde. Y este jarabe asqueroso me hace unos efectos diferentes a los del etanol. ''Maestro cazador''. Pues allá voy a cazar cada espada que quiera hincarse en mí. Y a cazar perrrrrrrras. La gente está muyy locaaaa. Yo quiero vivir sin pensar que a los 40 voy a tener muerte por hígado asquerosamente destrozado. Me importa mi juventud, que es cuando se vive realmente. Y quiero vivirla asquerosamente colocadaaaaaaaaaa de etanol. A los 30 quizás de otras cosas. Soy una estúpida, lo sé. Pero, vivir, ¿qué se considera vivir? Vivir no consiste en durar mucho tiempo, sino en sentir mucho. Y puede que no consuma nada de alcohol durante 80 años y sea una infeliz de mierda, o puede que me hinche y mis 30 años los haya vivido de puta madre tío.  ¿Qué diferencia hay? Uno está mal visto, y otro no. ¿Que las drogas son tomadas por baja autoestima? No te lo niego. ¿Por cobardía? Tampoco te lo niego. Pero esta no es la única realidad que quiero vivir, si mi realidad es una mierda porque he nacido con este cerebro de mierda entonces quiero desaparecer de aquí. Y por eso me emborracho.
Esto pega un colocón que te cagas. Jagermeister. Quiero alucinar una vida que no existeeeeee. BAAAAAAAHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHH!!!

jueves, 31 de octubre de 2013

El bosque.

Andaba yo tan tranquila en un prado alegre, cuando de repente un bosque oscuro me llamó la atención. Era misterioso, eso me atraía, pero me daba miedo también. Esa oscuridad parecía que no iba a permitirme caminar por ahí sin tropezar muchas veces. 
El caso es que decidí pasar de largo, pero el bosque me absorbió. Me absorbió de una manera inquietante, pues no sabía si me parecía bello o, de lo contrario, me daba miedo.
Y me dejé llevar. Allí no estaba más que yo, la figura que me acompaña toda la vida. Alrededor mía tan sólo hay oscuridad, pero van galopano incesantemente unicornios de un blanco brillante, un blanco que rompía con aquella oscuridad. También revoloteaban luciérnagas en torno a los árboles, y podía contemplar débilmente la copa, esas siniestras ramas soportando el peso de tanto follaje. 
Podía obserbar, a parte, ríos débiles y ríos violentos. En los débiles me bañaba y los violentos los esquivaba, aunque el atravesarlos era un reto para mí. El no atravesarlos me volvía débil, como los ríos que solo me dispongo a atravesar. También había hoyos, hoyos muy oscuros que me hundían en la miseria y el hastío, donde ahí sí que era difícil escapar y requería todo el esfuerzo que nunca se necesitará para meterse ahí.
Hay ciénagas, arenas movedizas, arañas, etcétera. Todo tipo de cosas que te entorpecen el paso, pero no te puedes quedar quieta, pues necesitas buscar lo que te haga sobrevivir ahí dentro. 
Tienes que buscar a los unicornios. Tienes que contemplar las luciérnagas. Los grifos luchan entre sí a ver quién es el más fuerte, pero de forma amigable. Es una forma de entrenarse para cuando lleguen las dificultades. Únete a ellos, pelea, entrena para esquivar los baches, para correr tras los unicornios, para escribir poesía, para poder mirar hacia arriba, allá donde están las luciérnagas, sin que te tropieces excesivamente. 
El bosque. Es oscuro, siniestro, pesado, macabro... parece que te sabes de memoria todo lo que hay en él, dónde está cada cosa y que es un lugar muy visto para tí, pero tienes que buscar algo más. El bosque siempre te incita a buscar, buscar y buscar. Tú nunca sabrás qué es lo que vas a encontrar, pero tienes que seguir las pistas, que se encuentran en lo bello, y llegarás a donde llegues, sin importar si es bueno o malo para tí. 
El mundo del bosque es un mundo que está en tí abandonarlo o no, aunque la entrada no está en manos de tu voluntad. Si encuentras la salida puedes volver cuando quieras, pero si entras, el salir no es tan fácil, es un laberinto que tienes que descifrar para llegar a fuera. Aún así, hay gente que, incluso sabiendo dónde está la salida, ahí se queda. 
Su hermosura es lo más bello que pueda existir, el bosque es la música de la soledad.



jueves, 24 de octubre de 2013

Espirales

Es confuso para mí lo que implica una espiral. Una espiral está definida como un punto que se aleja progresivamente de un centro a la vez que gira alrededor de él. Paradójico, ¿no? Es un alejar contínuo, alejarse de algo, trata de un punto que parte de un centro y se va alejando de él. 
Pero yo también puedo verlo como un acercamiento continuo de un punto que viene desde fuera y se va acercando a su centro, aunque no sé si las matemáticas estarían de acuerdo con esto. Puede que estés acercándote o puede que estés alejándote. Sigue siendo paradójico.

A la vez, puedo cuestionarme los límites de una espiral. ¿Tiene una espiral límites, o puede llegar a ser infinita? ¿Empieza en algún lado, acaba en algún lado? Si tiene un centro, ahí debería ponerse el límite, ¿no? Sé que si la dibujamos, en algún lado tenemos que empezar a dibujarla y en algún lugar acabarla, pero imaginando... imaginando podemos pensar en una espiral infinita, que nunca acaba ni nunca empieza, siempre dando vueltas y vueltas, volviendo al mismo sitio pero más alejada (o acercada). 
Esto hace pensar, puedo llegar a pensar que siempre se vuelve al mismo sitio pero más alejado y tardando más en llegar puesto que la amplitud se va haciendo mayor. También se puede pensar que siempre se vuelve al mismo sitio pero más cercano y tardando menos. 

También puedo llegar a compararlo con la distancia-olvido, y con la atracción-voluntad. Cuanto más distancia hay de por medio más te alejas: el resultado de esto es el olvido. O también se puede pensar que, cuanto más quieres algo, más te vas acercando a ello porque lo buscas, porque quieres (voluntad) buscarlo. Un punto que se acerca progresivamente a su centro a la vez que gira alrededor de él. Y aplicando lo que he dicho anteriormente en cuanto al tiempo que se tarda en recorrer una vuelta (cuanto más distancia más tardas; cuanto menos distancia menos tardas), puedo decir que cuanto más olvidas, más tardas en olvidar; y cuanto más quieres, menos tardas en querer más y, por tanto, en llegar a ello (independientemente de si fracasas o no). Aunque con esto no quiero decir que se tarde más en conseguir los frutos del olvido que los del querer. Ambos procesos, suponiendo una espiral concreta, tardan lo mismo puesto que la espiral es del mismo tamaño y harían el mismo recorrido pero a la inversa. Con esto del tiempo me refiero al tiempo dentro del proceso, hablo de la relación entre el principio y el final de la misma espiral (al principio del olvido el proceso es más rápido y luego se hace más lento, mientras que al principio del querer el proceso es más lento y luego se va acelerando).

En fin, lo que más me llama la atención es la ambigüedad de la espiral. Cuando uno mira una espiral, nunca puede saber si se está acercando o si se está alejando. Es la escepticidad de la espiral lo que más me atrae, y también ese efecto hipnótico que parece que te va a conducir a otro lado desconocido de manera inconsciente. También ese efecto cíclico que nunca se cierra... en realidad no es un ciclo, nunca vuelve al mismo lugar pero sí imita a una línea que ya ha ocurrido. Esto me hace fantasear que la vida (suponiendo que es una espiral que se aleja) consiste en sucesos repetidos vividos de forma diferente, y la amplitud sería la representación de las nuevas cosas vividas/aprendidas añadidas a las anteriormente vividas/aprendidas. También me hace pensar en el cambio de percepción que tiene un humano cualquiera respecto a las cosas que le acontecen a lo largo de su vida: cuanto más niños somos, más de cerca vivimos las cosas, más intensamente las percibimos, y conformen pasan los años, aunque vivamos las mismas cosas, las percibimos más alejadas de nuestro interior, menos intensas, y más ''desde fuera''.

En realidad nada más que estoy fantaseando y lo único que trato es explicar ciertas posturas filosóficas que me llaman la atención acudiendo a la metáfora de la espiral. No sé qué quiere decirme una espiral, no lo sé, pero me transmite muchas cosas. Una espiral quiere decirme que todo es progresivo y continuo, que nada es una línea recta, es una línea curva que se repliega sobre sí misma y que abarca de menos a más, o de más a menos, pero siempre ocupando el mismo área más otra área nueva, o menos una área existente. Creación o destrucción. La espiral encierra ambas, conformando una misma cosa.



martes, 1 de octubre de 2013

Un mundo de represiones.

Inhibimos nuestros instintos para convivir en paz en la sociedad. Sacrificamos nuestro egoísmo instintivo para complacer el bienestar de la sociedad. ¿Acaso podemos convivir en colectividad sin reprimir nuestras pulsiones? ¿No sería eso catastrófico? Habría que tolerar las pulsiones de los demás para que no fuera así, lo cual es algo que se aprende, algo no instintivo.
Entonces, el completo bienestar individual no es compatible con el de la sociedad, hay que modular ambos. Todo esto tiene un precio, sociabilizar tiene un precio y hay que pagarlo ya que dicen que no estamos cuerdos sin compañía (dicen). 
La sociedad tiene un precio, y lo pagamos entregando nuestros instintos.
Los animales viven mediante instintos, y su sociedad no tiende al catastrofismo. Pienso que el problema es que el humano tiene un instinto que no tienen (según mis conocimientos) los demás animales, que es el instinto de matar ó dañar a individuos de su misma especie por causas que no llevan a un efecto de supervivencia. Esto es difícil de asimilar, a mí me encantaría poder tocarme en mitad de la calle cuando me apeteciera, poder tumbarme a dormir cuando tuviera sueño en el lugar que me pille, o cualquier otra pulsión instintiva. Pero como soy humana, también me gustaría matar al tío que intenta ligarse a mi novia, y por hacer eso, otros humanos que tengan un lazo afectivo con el asesinado querrán matarme a mí. Ahí es donde hay que aplicar el autocontrol, la represión de las pulsiones, porque si no la especie se hubiese ido al carajo hace mucho tiempo atrás. 
Pero no creo que el objetivo del humano sea que perdure la especie, puesto que nisiquiera tenemos aprecio por los de otras razas, ni por el empollón con gafas redondas que huele mal, ni por ese que se está saliendo de la norma, ni por ese que tiene ideología distinta a la mía.
No sé de dónde vienen esas pulsiones autodestructivas hacia otros de la misma especie, no sé si viene determinado por nuestros genes o es algo aprendido a lo largo de la historia por las causas que sean.
El caso es que pienso que el único instinto que debería inhibirse es el de destrucción hacia otros de nuestra especie, modularlos, porque si no fuera así, cada uno de nosotros estaría más que muerto. 
Aún así, pienso que también hay instinto de cariño y amor. No todo tiene que ser malo, es la eterna lucha entre el amor y el odio. O mejor dicho, entre la construcción y la destrucción.
Un mundo de represiones.

miércoles, 24 de julio de 2013

Somos cáncer para el planeta.

Pienso que la Ciudad debería morir: la Sociedad debería basarse en grupos muy reducidos, donde todo el mundo se conociese a fondo.
En el caso de necesitar un jefe de la manada, ó, por así llamarlo, ''político'', pienso que éste debería conocer personalmente a cada uno de los componentes de la manada, o ''pueblo'', y sumergirse en las profundidades de cada uno de ellos, llegar a conocer las motivaciones y personalidades de cada uno de los integrantes para así tomar decisiones que se acerquen a la plenitud del pueblo. Sé que es difícil que un grupo de humanos se pongan de acuerdo al 100% con algo, pero cuantos menos humanos, menos opiniones, y más profundas y cercanas serían las relaciones. 
Al igual que el ''político'' realiza una introspección en los integrantes, éstos también profundizarían en el ''político'' y les sería más fácil saber si ese individuo les gusta para que sea el jefe de la manada, o si hay alguien que esté en desacuerdo en que esa persona sea la que ponga orden.
A pesar de ello, no creo o no quiero creer en un único organizador (''político''), si no que pienso que todos deben ser ''políticos'' simultáneamente, nadie más que nadie, todos iguales y con la misma autoridad, pero siempre respetando las opiniones y sentimientos de los otros. Claro que esto es algo difícil, pero, si existen los grupos de amigos, ¿por qué no un pueblo de amigos?
Aún así sigue siendo muy difícil, acabaríamos conociendo a otro grupo de amigos, surgirían lazos afectivos, querrían unirse ambos grupos, seguiría pasando esto con otros grupos y otra vez la civilización.
De repente, comparo nuestra sociedad con la sociedad de los animales y, a ellos los veo tan perfectos... me pregunto por qué será. Lo que veo en ellos es una especie de dictadura, no desobedecen a la ley natural y hacen lo que les ordena la naturaleza: las abejas no pueden desobedecer a la abeja reina, y esta ley se cumple generación tras generación: si alguien la desobedeciera, las abejas se dividirían en dos grupos, y si siguen desobedeciendo otras cosas se rompería con el orden, se desbordaría la especie y no cumplirían sus propósitos finales: la especie no tendría ninguna función, estaría por estar, ocupando espacio en el planeta y utilizando los elementos de nuestra naturaleza sin aportar nada al resto de seres: es el caso del humano.
Por tanto, veo la sociedad del humano como un cáncer en el planeta (de momento, solo en el planeta), que ha desobedecido la dictadura de la naturaleza por tener un cerebro que cuestiona su propia naturaleza, saliéndose de ese marco y manejando a la misma en beneficio a tan sólo su propia especie.
Es decepcionante, increíble pero decepcionante, y la verdad no entiendo por qué hemos sido creados, o si simplemente somos un error de la naturaleza y ella no era consciente de lo que estaba creando, o si nisiquiera somos un error. 
Nuestra especie se está desbordando, y muy pocos lo ven. No podemos ejercer el control sobre nosotros mismos, somos demasiado pocos los que queremos hacerlo.
Estaríamos bien si fuéramos pocos, destrozaríamos la naturaleza lo necesario y serviríamos de alimento para el resto de carnívoros y omnívoros. Cogemos y aportamos. Pero ahora no sólo no aportamos si no que cogemos y cogemos y nunca paramos, rompemos con la cadena de la Vida, y todo esto tan sólo para conseguir dinero, otra necesidad inútil, la mayor inútil de todas. 
Y aplicándolo a la vida que respira aquí a mi lado, ¿qué hago? ¿qué pienso?
A vivir Muerta en Vida, que así no formo parte de todo este embrollo pero a la vez estoy inmiscuída más de lo que quisiera. 
Empieza a luchar por tí y estarás a pasos más cerca de la libertad.

martes, 25 de junio de 2013

Los niños no tienen miedo a ser animales.

Y yo que llevo toda la vida siendo niña, ¡ahora me vienen hablando de una tal adultez! Y yo pues qué quieres que les diga, no soy muy de mantener la compostura, me dejo llevar por lo que me apetece, ¡es ley de vida!
Y qué esperan que haga, no soy muy de estarme quieta, el viento está hecho para retarlo, no para huir de él refugiados bajo un techo. 
Ellos dicen siempre que tenga cuidado, que ya tengo unos años y sé de qué va la cosa, que ahora soy yo la que debo protegerme y no mis padres, ¡pero es que... con tanta protección se me nubla la vista!
Ahora todos creen que lo debo saber todo, que ya viví las cosas una vez y si yerro soy escoria. ¿Qué se creen? Nunca se aprende suficiente, ¡hasta al que le ha nevado más en el cabello sabe poco! 
Ellos dan su vida por hecho. Y qué quieres que te diga, no lo entiendo. La vida humana dura lo que dura, pero no se acaba a los cuarenta, ni a los cincuenta, en realidad, nunca acaba hasta que te quedas sin energía para vivirla (muerto). Esos humanos experienciados nunca han terminado de experimentar, pero ellos creen que ya han terminado, de ahí el poco entusiasmo entre los adultos, la poca ilusión, ese amargamiento de creer que no tienen nada más que ver ni aprender. 
Un niño sabe que le queda mucho por aprender, todo el rato pregunta, investiga, curiosea... tiene razones para despertarse al día siguiente. Y sabe que en todo hay algo de emoción, que no hace falta iniciar una relación para pedirle a alguien que juegue contigo, que no tienes que quedar bien ni mal porque todos somos igual de animales, que ni quiero parecer lindo ni guapo, que el cuerpo es algo que simplemente permite mi existencia y que me da gustito tocarme en el totito. 
Que yo sé que el resto del mundo es igual de pringado que yo por tenerse que aguantar a sí mismo y eso es lo que veo, a un montón de pringados que pasamos el rato con gilipolleces, y me desesperanza tanto el mundo humano que me da asco ser humano y recuerdo entonces que soy animal lo cual me alivia y que, la época en la que más sabe uno que lo es, es en la niñez. Y por eso yo quiero ser yo, y yo soy un animal con encéfalo complejo.

Pero bien que uso esto...

lunes, 20 de mayo de 2013

Encarcelados en preguntas.

Todo el mundo espera un cuándo,
todo el mundo busca un dónde,
Todo el mundo se cuestiona un cómo, o algunos más.
todo el mundo pregunta un qué, 
todo el mundo sueña un quién.
Todo el mundo ansía un por qué.

¿Y si no existiera nada de eso? ¿Y si no hubieran preguntas? Todo seguiría su curso natural.
No habría esperas, ni descubrimientos, ni porvenir ni inseguridad vital.
Todo seguiría su curso, nada es cuestionable, todo fluye con naturalidad.
''Es que hay que cuidar lo que se hace, lo que se dice, hay que pensárselo dos veces...''.
A mí ya me da igual. 
Si no hay causas que justifique lo que haga, soy libre de hacer lo que quiera.
Si no tengo ideales ni sigo una moral, no corro el riesgo de traicionarme a mí misma.
Si digo lo que digo porque me sale del higo, mis palabras jamás romperán ninguna promesa.
Si paro el mundo y se queda como está, rompo todas las éticas y morales y viviré en libertad.
No cuestiones en demasía, las cosas son así porque han sido conducidas hasta ahí. Si ocurre esto, u ocurre lo otro, o si ocurrirá esto o si ocurriera lo otro, qué te importa ya. Como cuando te hacen un truco de magia y, en vez de asombrarte con la buena brujería que te han hecho, te cuestionas el cómo ha conseguido hacer desaparecer ésa carta, el dónde habrá ido, el cuándo la habrá hecho desaparecer, el qué la habrá hecho desaparecer... No lo vives en realidad.
Déjate asombrar. Sé que tenemos un cerebro inquietante, no puedo pedirle a los humanos que no se hagan preguntas, el hacerlas es un cometido que nos ha encasquetado la naturaleza. Pero dentro de nuestra naturaleza curiosona, déjate asombrar, y limita tus preguntas a lo más básico, no crees una moral que te impida hacer ciertas cosas escondiendo detrás un por qué, un cuándo, un cómo, un dónde, un qué y un quién que no te dejan explorar. Ya está bien querido/a, en esto no se basa la libertad.
No prefijes tu vida y no la ates a tantas preguntas, deja que las cosas fluyan tal como fluyen en los sueños, con un sinsentido aparente y sin un orden prefijado, caótico, y vivirás el doble, o la cantidad que sea, de lo que vives ahora.
El hacerse tantas preguntas conduce al humano a cuestionarse sus hechos en exceso y los de su alrededor, rebajando la fluidez del transcurso de la vida y atándolo a esas respuestas que puedan responder a tales preguntas sin ofrecerle la libertad de dejar una pregunta sin responder porque, una pregunta sin responder es, como si se respondiera con el infinito.

viernes, 25 de enero de 2013

Poema médico de amor.


Me enamora tu ADN
Citosina, guanina,
adenina y timina,
eres mi chiquitina,
y adoro tu hemoglobina.

Un enzima
que me estima
que activa mi energía
y me eleva a calorías
que causan hasta ardores.

Buceas en mi sangre
pues el oxígeno me asfixia,
y mis linfocitos necesitan
un anticuerpo del que enamorarse.

Tu ADN duplicándose,
transcribiéndose a ARN
traduciendo proteínas
capaces de al cielo llevarme.

Tu saliva con tus células
revolviéndose en las mías,
y mi óvulo con las ansias
de saludar al tuyo, pero no podría.

Ese aroma que me llama,
que activa mi cerebro,
esas alfas queratinas
que me hacen volar muy lejos.

Ese código genético 
que te define, que te describe,
navega por el aire
y en el miocardio mio enloquece.

Universo invisible.



Para mí todo tiene un secreto invisible al ojo humano. Yo lo único que trato de hacer es intentar comprenderlo a través de la zona invisible que habita en alguna parte de mi ser. Es como una comunicación entre la parte oculta de mí y la parte oculta del universo, como si se conocieran, pero se esconden cuando aparezco en forma de autoconsciencia. Es como si sintiera que hay algo detrás de todo esto, llámalo ciencia o llámalo nada. 
Llámalo música, ya que a través de ella es cuando más cercana se me hace esta sensación. Quizás con las drogas también, y supongo que simplemente todo será cuestión de neurotransmisores que me hacen flipar, ondas bioeléctricas y células con peinados punks (neuronas). Siento que la naturaleza está detrás de todo, en cada mínima parte de este extraño mundo, y es perfecta (o eso dicen), increible cómo todo lo mueve (o no). 
Yo no conozco el universo, para mí universo es lugar en el que se es o se fue. Y no consigo encontrar a muchas personas más que quieran tocar lo oculto, y mucho menos personas que sienten rozarlo.