-Deja de hacer el imbécil.
+Eres tú la que me provocas...
-¡No sabes ser feliz, pudiendo serlo!
+Es imposible ser feliz sin amor.
-¿Quieres seguir manchando tu corazón de tanta oscuridad?
+Es lo único que me rodea...
-Lo que te rodea es lo que tú quieras ver. Las consecuencias de lo que hagas envolverán tu vida, y si estás dispuesta a derramar tu cuerpo y malgastarlo en esas estupideces que haces, entonces tu vida será una estupidez sin sentido.
+Es justo lo que es, querida, pero una vez entras en el tornado, el bucle te consume y no puedes regresar al estado inicial, donde mi vida sea virgen y poder moldearla de nuevo hacia el buen camino.
-Si volvieses a empezar, caerías en el mismo error siempre, olvidarías todo lo aprendido. Se trata de fallar y aprender de ello, para poder moldear la vida que ya tienes, y eliminar aquellas impurezas.
+Puede, pero siendo yo una impureza, ¿cómo arreglar mi vida, que es otra impureza?
-Las dos cosas sois lo mismo: la vida eres tú. Eres tú la que debes regenerarte, por eso debes superarte a tí misma para mejorar tu vida.
+Demasiado trabajo, ¿no crees?
-Si no empleases tus fuerzas en quejarte y dañarte, y la empleases en recuperar tu vida, créeme que serías muy feliz.
+No puedo, el abismo me persigue.
-Tienes razón, no tienes remedio. Tu vida sí.
viernes, 17 de febrero de 2012
viernes, 3 de febrero de 2012
Mudando piel muerta.
Ya no me parece tan dura la vida. Cierto es que sigo percibiéndola tal y como es. Pero ahora no me apetece estar enterrada en el hoyo.
En estos últimos meses he podido percibir una muerte grave de mi alma. Una de las muchas que han habido a lo largo de mi vida. Y siempre acaba resucitando, pero es eterno el tiempo en el que mi alma se encuentra como si estuviese bajo los efectos del síndrome de Cotard, una enfermedad en el que alguien vivo asegura estar muerto. El individuo puede llegar hasta a olerse a sí mismo a podrido. Así es como mi alma se ha encontrado durante estos meses. O más bien años, aunque a veces me pregunto, ¿alguna vez estuve viva?
Y ahora no me apetece pensar así. Sé que hay una única cosa capaz de resucitar a mi alma: el Amor.
El amor es lo que la hace vivir. Solo cuando he amado y he sido (o creído ser) correspondida es cuando mi alma se levanta al mundo. Y luego vuelve a tumbarse.
La única explicación que le encuentro a todo este melodrama que me he montado, la ''muerte en vida'', no es más que el alcohol, al cual fui destinada por desamor. Sí, así de simple, tanta metáfora tan solo para que detrás de todo esto no haya más que alcohol y mala vida. Ése es el origen. Antes era libre de ser quien yo era. Desde que empecé a utilizar el alcohol para enfrentarme a situaciones que requerían valor, mi inconsciencia se hizo la idea de que era incapaz de enfrentar cualquier situación sin estar borracha. Eso me hizo cobarde.
Y me hizo creer que para ser divertida y atractiva necesitase de esa sustancia.
No es verdad, porque lo he comprobado. Salir por la mañana a tomar el sol, pasear por la playa, montar en bici, nadar, leer... son cosas que regeneran mi cerebro y me hacen sentir que PUEDO, por mí misma sin depender de nada más. Ahora me siento capaz, a la vez que valiente. Y siento cierto rechazo hacia lo que me destruyó, mi querido enemigo el alcohol. Él fue el origen de la degradación de mi ser y mi autoconsciencia. Y fui guiada hacia él por desamor, por la soledad.
Lástima que mucha gente de mi alrededor aún no se den cuenta de todo esto, o, lo que es peor, se hayan dado cuenta y no lo quieran dejar.
En estos últimos meses he podido percibir una muerte grave de mi alma. Una de las muchas que han habido a lo largo de mi vida. Y siempre acaba resucitando, pero es eterno el tiempo en el que mi alma se encuentra como si estuviese bajo los efectos del síndrome de Cotard, una enfermedad en el que alguien vivo asegura estar muerto. El individuo puede llegar hasta a olerse a sí mismo a podrido. Así es como mi alma se ha encontrado durante estos meses. O más bien años, aunque a veces me pregunto, ¿alguna vez estuve viva?
Y ahora no me apetece pensar así. Sé que hay una única cosa capaz de resucitar a mi alma: el Amor.
El amor es lo que la hace vivir. Solo cuando he amado y he sido (o creído ser) correspondida es cuando mi alma se levanta al mundo. Y luego vuelve a tumbarse.
La única explicación que le encuentro a todo este melodrama que me he montado, la ''muerte en vida'', no es más que el alcohol, al cual fui destinada por desamor. Sí, así de simple, tanta metáfora tan solo para que detrás de todo esto no haya más que alcohol y mala vida. Ése es el origen. Antes era libre de ser quien yo era. Desde que empecé a utilizar el alcohol para enfrentarme a situaciones que requerían valor, mi inconsciencia se hizo la idea de que era incapaz de enfrentar cualquier situación sin estar borracha. Eso me hizo cobarde.
Y me hizo creer que para ser divertida y atractiva necesitase de esa sustancia.
No es verdad, porque lo he comprobado. Salir por la mañana a tomar el sol, pasear por la playa, montar en bici, nadar, leer... son cosas que regeneran mi cerebro y me hacen sentir que PUEDO, por mí misma sin depender de nada más. Ahora me siento capaz, a la vez que valiente. Y siento cierto rechazo hacia lo que me destruyó, mi querido enemigo el alcohol. Él fue el origen de la degradación de mi ser y mi autoconsciencia. Y fui guiada hacia él por desamor, por la soledad.
Lástima que mucha gente de mi alrededor aún no se den cuenta de todo esto, o, lo que es peor, se hayan dado cuenta y no lo quieran dejar.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)