Tras su fuerza y dureza
sus rugidos reflejan
quejidos de hambre,
una gran carencia.
El león y su fiambre,
quién víctima y quién culpable,
juzgarlo no me atañe
si el pobre pasa hambre.
Poderosa omnipotencia,
¡Cómo brota su vehemencia!
agarra el alma con sus garras,
la desgarra y la desguaza.
¿Quién detiene a tal bestia,
qué hacer para vencerla?
Que formulen una querella,
condenarlo sin su selva.
El león ahora está triste,
no comprenden su grandeza,
que el hambre lo está matando,
y nadie, no, alimenta su carencia.
