viernes, 25 de enero de 2013

Poema médico de amor.


Me enamora tu ADN
Citosina, guanina,
adenina y timina,
eres mi chiquitina,
y adoro tu hemoglobina.

Un enzima
que me estima
que activa mi energía
y me eleva a calorías
que causan hasta ardores.

Buceas en mi sangre
pues el oxígeno me asfixia,
y mis linfocitos necesitan
un anticuerpo del que enamorarse.

Tu ADN duplicándose,
transcribiéndose a ARN
traduciendo proteínas
capaces de al cielo llevarme.

Tu saliva con tus células
revolviéndose en las mías,
y mi óvulo con las ansias
de saludar al tuyo, pero no podría.

Ese aroma que me llama,
que activa mi cerebro,
esas alfas queratinas
que me hacen volar muy lejos.

Ese código genético 
que te define, que te describe,
navega por el aire
y en el miocardio mio enloquece.

Universo invisible.



Para mí todo tiene un secreto invisible al ojo humano. Yo lo único que trato de hacer es intentar comprenderlo a través de la zona invisible que habita en alguna parte de mi ser. Es como una comunicación entre la parte oculta de mí y la parte oculta del universo, como si se conocieran, pero se esconden cuando aparezco en forma de autoconsciencia. Es como si sintiera que hay algo detrás de todo esto, llámalo ciencia o llámalo nada. 
Llámalo música, ya que a través de ella es cuando más cercana se me hace esta sensación. Quizás con las drogas también, y supongo que simplemente todo será cuestión de neurotransmisores que me hacen flipar, ondas bioeléctricas y células con peinados punks (neuronas). Siento que la naturaleza está detrás de todo, en cada mínima parte de este extraño mundo, y es perfecta (o eso dicen), increible cómo todo lo mueve (o no). 
Yo no conozco el universo, para mí universo es lugar en el que se es o se fue. Y no consigo encontrar a muchas personas más que quieran tocar lo oculto, y mucho menos personas que sienten rozarlo.