martes, 18 de febrero de 2014

Perplejidad.

Desde que todo dejó de ser interesante. 
Desde que conozco a los gatos ya no me sorprenden tanto los perros.
Puede que haya muchas más cosas por descubrir, pero, ¿dónde se esconden?
Los días pasan tiritando en vibraciones estables. ¿Quién quiere vivir teniendo prefijado un porvenir?
Nada me sorprende. Nada me abruma. Nada me desestabiliza.
Me gusta sentir cosquillas en mi interior, a mi estómago mariposear.
Cada día uno igual que ayer, uno igual que mañana.
¿Será que estoy envejeciendo?
Son los nudos nublados del paso del tiempo. Llega un momento en el que te quedas justo delante del nudo.
Quiero desatarlo.
Quiero no saber dónde estoy, ni quién soy, qué hago o en qué me estoy perdiendo.
No quiero saber qué es lo que va a venir después, no quiero saber nada de la vida.
Quiero tener dudas, conflictos internos y externos, luchar en batalla con mi cerebro, no quiero vivir en paz.
Quiero mil aventuras que me revivan la pasión perdida, un clamor nuevo, unos amigos locos e inconsecuentes.
Siento que mi vida es un círculo, y quiero perderme en espiral.
Quiero ser un águila y volar más allá del cielo visible.
No saber de qué materia están hechos mis pensamientos.
Flotar en el inmenso desierto de la fluctuación osada.