Esta mente me consume en la pesadumbre,
podría decir que es culpa de la plebe,
de esta sociedad y sus redes,
pero tanta fuerza empleada por
ir en contra de la corriente
ya me hace dudar
si es mía la responsabilidad
de sentir este vacío inerte.
Un demonio posee mis entrañas,
pensamientos enganchados en una telaraña.
Soy obsesiva, lo sé,
soy obsesiva, otra vez,
Yo soy la que teje, yo soy la araña,
responsable de mis propias circunstancias,
víctima de mis arácnidos impulsos,
mi veneno lo único que me salva.
Por eso soy tóxica,
jamás me he sentido en la órbita,
inadaptada en una sociedad apática,
yazco aburrida sobre mi propia lápida.
Nada me estremece, nada me hace sentir vida,
solo el olor de la muerte y el peligro
y el conflicto inventado en mi mente suicida.
Apágame,
necesito tocar fondo,
necesito oscuridad y perderlo todo,
¿Cómo sino voy a tener algo?
¿Cómo sino voy a sentir algo?
Cada vez que gano necesito perder,
perder es lo que me hace querer ganar,
si gano ya no tengo nada que hacer.
Por eso haga lo que haga
vivo en la eterna nada,
no quiero, sí quiero
ser feliz,
pero no sé si lo quiero.
Si lo soy, no seré yo ya.
Mi arte y mi melancolía
van unidas de la mano.
Mis sentimientos como cristales
van rajando mi brazo.
¿Qué me pasa? ¿Me pasa algo?
¿Me lo estoy inventando?
¿Me estoy refugiando en un dolor imaginario?
Mi desidia me acompañó toda mi vida como una fiel amiga,
Mi dolor, mi fiel enemigo, el que más me comprendió.