martes, 1 de octubre de 2013

Un mundo de represiones.

Inhibimos nuestros instintos para convivir en paz en la sociedad. Sacrificamos nuestro egoísmo instintivo para complacer el bienestar de la sociedad. ¿Acaso podemos convivir en colectividad sin reprimir nuestras pulsiones? ¿No sería eso catastrófico? Habría que tolerar las pulsiones de los demás para que no fuera así, lo cual es algo que se aprende, algo no instintivo.
Entonces, el completo bienestar individual no es compatible con el de la sociedad, hay que modular ambos. Todo esto tiene un precio, sociabilizar tiene un precio y hay que pagarlo ya que dicen que no estamos cuerdos sin compañía (dicen). 
La sociedad tiene un precio, y lo pagamos entregando nuestros instintos.
Los animales viven mediante instintos, y su sociedad no tiende al catastrofismo. Pienso que el problema es que el humano tiene un instinto que no tienen (según mis conocimientos) los demás animales, que es el instinto de matar ó dañar a individuos de su misma especie por causas que no llevan a un efecto de supervivencia. Esto es difícil de asimilar, a mí me encantaría poder tocarme en mitad de la calle cuando me apeteciera, poder tumbarme a dormir cuando tuviera sueño en el lugar que me pille, o cualquier otra pulsión instintiva. Pero como soy humana, también me gustaría matar al tío que intenta ligarse a mi novia, y por hacer eso, otros humanos que tengan un lazo afectivo con el asesinado querrán matarme a mí. Ahí es donde hay que aplicar el autocontrol, la represión de las pulsiones, porque si no la especie se hubiese ido al carajo hace mucho tiempo atrás. 
Pero no creo que el objetivo del humano sea que perdure la especie, puesto que nisiquiera tenemos aprecio por los de otras razas, ni por el empollón con gafas redondas que huele mal, ni por ese que se está saliendo de la norma, ni por ese que tiene ideología distinta a la mía.
No sé de dónde vienen esas pulsiones autodestructivas hacia otros de la misma especie, no sé si viene determinado por nuestros genes o es algo aprendido a lo largo de la historia por las causas que sean.
El caso es que pienso que el único instinto que debería inhibirse es el de destrucción hacia otros de nuestra especie, modularlos, porque si no fuera así, cada uno de nosotros estaría más que muerto. 
Aún así, pienso que también hay instinto de cariño y amor. No todo tiene que ser malo, es la eterna lucha entre el amor y el odio. O mejor dicho, entre la construcción y la destrucción.
Un mundo de represiones.

No hay comentarios:

Publicar un comentario