martes, 25 de junio de 2013

Los niños no tienen miedo a ser animales.

Y yo que llevo toda la vida siendo niña, ¡ahora me vienen hablando de una tal adultez! Y yo pues qué quieres que les diga, no soy muy de mantener la compostura, me dejo llevar por lo que me apetece, ¡es ley de vida!
Y qué esperan que haga, no soy muy de estarme quieta, el viento está hecho para retarlo, no para huir de él refugiados bajo un techo. 
Ellos dicen siempre que tenga cuidado, que ya tengo unos años y sé de qué va la cosa, que ahora soy yo la que debo protegerme y no mis padres, ¡pero es que... con tanta protección se me nubla la vista!
Ahora todos creen que lo debo saber todo, que ya viví las cosas una vez y si yerro soy escoria. ¿Qué se creen? Nunca se aprende suficiente, ¡hasta al que le ha nevado más en el cabello sabe poco! 
Ellos dan su vida por hecho. Y qué quieres que te diga, no lo entiendo. La vida humana dura lo que dura, pero no se acaba a los cuarenta, ni a los cincuenta, en realidad, nunca acaba hasta que te quedas sin energía para vivirla (muerto). Esos humanos experienciados nunca han terminado de experimentar, pero ellos creen que ya han terminado, de ahí el poco entusiasmo entre los adultos, la poca ilusión, ese amargamiento de creer que no tienen nada más que ver ni aprender. 
Un niño sabe que le queda mucho por aprender, todo el rato pregunta, investiga, curiosea... tiene razones para despertarse al día siguiente. Y sabe que en todo hay algo de emoción, que no hace falta iniciar una relación para pedirle a alguien que juegue contigo, que no tienes que quedar bien ni mal porque todos somos igual de animales, que ni quiero parecer lindo ni guapo, que el cuerpo es algo que simplemente permite mi existencia y que me da gustito tocarme en el totito. 
Que yo sé que el resto del mundo es igual de pringado que yo por tenerse que aguantar a sí mismo y eso es lo que veo, a un montón de pringados que pasamos el rato con gilipolleces, y me desesperanza tanto el mundo humano que me da asco ser humano y recuerdo entonces que soy animal lo cual me alivia y que, la época en la que más sabe uno que lo es, es en la niñez. Y por eso yo quiero ser yo, y yo soy un animal con encéfalo complejo.

Pero bien que uso esto...

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