martes, 20 de diciembre de 2011

Mi Amor Muerto

La pasión de los muertos... el Amor. 
Sabía que algún día iba a escribir sobre esto aquí. Tenía que hacerlo, pues nunca me sucedió nada parecido en todo este tiempo en el que llevo muerta, es decir, 18 años. 
Se trata de mi encuentro con alguien tan muerta como yo. Ella...era el único misterio viviente que nunca conseguí descifrar. Y con el tiempo descubrí que ella no era de este mundo, que destacaba entre la multitud o, más bien, que se escondía entre la multitud porque sé que ella está tan lejos de este mundo como lo están los muertos.
Invisible al ojo humano, pero mis ojos no paraban de mirarla ni un segundo. Ella era un ser oscuro, hablaba lo necesario, observaba lo suficiente, sonreía solo a ratos. Ser tenebroso, un gran secreto para mis preguntas, una traba para mi lengua, un diccionario sin definiciones, una ecuación sin resolver.
Tímida pero segura, caótica pero tranquila, rebelde con causas extrañas, macabra a la vez que masoquista, dulce pero introvertida. Es quien es, pero este mundo no la deja expresarse como tal.
Yo la miré, ella me miró, la tuve entre mis brazos, y ella me tuvo en los suyos. Se reía con mis palabras juguetonas, me agarraba de la mano, me pidió un beso. Nuestros labios, fríos, húmedos, ardían al rozarse, y nuestras lenguas se evaporaban desprendiendo chispas fugaces quedando incendiado todo cuanto nos rodeaba, incluso nosotras mismas.
Yo la tuve así, éramos dos muertas viviendo el momento. 
Yo la tuve allí, pero ya no está conmigo. 
Nunca llegué a entender el por qué sucedió todo eso y luego se marchó. No lo logré entender porque ella es mi gran misterio. La estuve buscando con todos mis sentidos bajo la luna y el sol, bajo las nubes y el cielo azul, bajo la lluvia, la tormenta y el arcoiris. Y ella nunca apareció. 
Creó en mí uno de los mayores dolores que he experimentado a lo largo de mi tiempo. Era un dolor que aumentaba mis ansias de morir, pues no sentirlo era lo que deseaba. Sin embargo, me sentía más viva que nunca. El fuego que había en mi corazón era lo que hacía correr sangre por mis venas, lo que hacía latir mi corazón, lo que me hacía llorar y sonreir. Ese amor que sentía me hacía recordar que estaba viva, la pasión era mi motor, pues en condiciones normales soy una persona fría e inexpresiva. Esa fuerza que había dentro de mí me devolvía a la vida. Un placer tan amargo...
Ella. Siempre la recordaré. 
¿Que si todavía siento algo? Como dice un poema de mi querido Pablo Neruda:


                               ''Ya no la quiero, es cierto, pero tal vez la quiero.''


Ella estaba tan muerta como yo; sin embargo, me hizo sentir más viva que nadie. Ojalá alguien llegue a resucitarla como yo no conseguí hacer.

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