lunes, 3 de septiembre de 2012

Inteligencia para la inteligencia.



No hay filosofías que valgan.
No hay pensamientos profundos que no acaben en angustia y pánico.
No quiero invadir mi cerebro de pensamientos oscuros, ya está bien.
Me preocuparé tan solo de lo cotidiano, de lo básico:
comer, beber, defecar, copular, estudiar, trabajar, hacer ejercicio...
Quiero preocuparme de las cosas por las que se preocupa un niño.
Quiero ilusionarme por las cosas simples,
quiero dar volteretas en mitad de la acera,
o dibujar a mi amada en el suelo
(aunque a ella no le haga la misma ilusión).
Quiero reir a carcajadas, hacer travesuras, y llorar sin vergüenza ninguna.
Quiero ser tímida, selectiva con la amistad, y no creer que estoy loca por ello.
Quiero que se me distraigan los pensamientos hacia cosas bellas, 
quiero revolcarme en la arena y chapotear en el agua.
Quiero salir a la calle y sentir que es una calle nueva.
Quiero que me hagan cosquillas, y hacer daño sin querer a quien me las haga,
y ser tan orgullosa que no quiera pedir perdón por ello.
Sí, quiero ser una niña, pero una niña inteligente.
Lo que pretendo decir es, que quiero ser infantil pero no inmadura.
Estoy empezando a ver la inteligencia no como un arma de destrucción, que cuanto más tengas, más torturante puedes llegar a ver el mundo, sino como una herramienta que te sirve para sacarle el máximo provecho a la vida.
Con ella sabes por dónde moverte, con quién juntarte, qué decisiones son las más rentables para vivir feliz.
Gracias a la inteligencia tengo distribuidos muy bien mis pensamientos, a pesar del desorden que pueda llegar a haber en ciertos momentos de mi vida. 
Tengo una vida idónea, cada cosa que me he propuesto la he conseguido, porque he sabido cómo conseguirla.
Cierto es que la inteligencia puede llegar a exprimir cada elemento de este mundo hasta la última gotita, y esas gotitas pueden llegar a ser muy ácidas e incluso venenosas. La cuestión es saber aplicar inteligencia a la inteligencia, saber cómo manejar tu propia inteligencia y cómo aplicarla.
Quizás en estos años oscuros mi fallo fue no haber sabido aplicar de forma inteligente mi propia inteligencia.

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