jueves, 25 de abril de 2019

Sangre erótica.

Bajo la oscura noche, donde el cielo se encontraba inundado de estrellas blancas tiritantes, Dana se encontraba atada a una silla en aquel instituto donde pasó tantos años y hacía mucho tiempo que no visitaba.
Dana era universitaria, y su mejor amiga, la cual conoció en aquel instituto, la acompañaba también en aquella oscura noche. Lo único que las iluminaba a ambas en aquella aula desolada era una luna anaranjada acompañada de aquellas estrellas. Ambos rostros estaban teñidos de un tono cobrizo, las pupilas dilatadas aguardaban inquietas atentas a lo que podía devenir, y el olor a sangre elevaba aún más la tensión.
Su mejor amiga se situaba de pié justo delante de ella, dándole la espalda, con la cabeza medio girada. No podía observar del todo bien su rostro, tan solo podía percibir su perfil oscuro a contraluz de la luna que se transparentaba tras aquella enorme cristalera que dejaba ver el inmenso cielo nocturno.
Todo lo que pudo observar fue cómo miraba triste hacia el suelo como si no hubiese vida tras esa mirada. Su mano sujetaba un gran cuchillo con forma elegante y afilada, y sucio de sangre fresca. Entre ellas dos, en ese espacio, el suelo estaba lleno de cuerpos muertos a cuchillazos pertenecientes a antiguos alumnos de lo que fue la clase de ambas tiempo atrás. También, entre esos cuerpos, se encontraba el del profesor de Filosofía, don Augusto Tormento.

-¿Sabes por qué estás aquí? - le preguntó su mejor amiga con voz rasgada y tenue.

Dana era la única que vivía aún de todos los que estaban ahí. Estaba a solas con su mejor amiga, sentada y atada a aquella silla, sin pestañear siquiera observando su triste mirar.
Ante aquella pregunta, Dana empezó a recordar. Sabía que su mejor amiga dejó de ser la que era desde que conoció al tal don Augusto Tormento, el cual la ponía de los nervios durante sus clases de Filosofía al no compartir mismos pensamientos e ideales profundos. Su mejor amiga siempre había sido muy caprichosa, eso no había cambiado, y había tenido siempre muy poca capacidad de frustración: no sabía perder, y con tal de que se le diese la razón hacía cualquier cosa por obtenerla. Y ése fue su problema.
Una tarde cualquiera, su mejor amiga la llamó en pleno ataque de ansiedad por teléfono y se reunieron en seguida. Dana estaba muy preocupada, pues su voz era temblorosa y su tono era más agudo y débil de lo normal.
Aquella tarde le contó lo que sucedió: aquel profesor, durante la revisión de un examen, la violó. Ocurrió porque el tal profesor le dijo que si se la chupaba, le pondría un diez en el examen y le daría la razón en todos los discursos que diese en clase. Su mejor amiga, por un momento dudó cuando se lo propuso, pues tan solo era una chiquilla de dieciséis años, pero en seguida rechazó la oferta. Sin embargo, ya era demasiado tarde. Don Augusto Tormento cerró la puerta con llaves y mancilló su virginidad.
Conforme su mejor amiga contaba la historia, Dana enfurecía aún más. No podía creer lo que escuchaba, y no dudó en contarle a todo el mundo lo que sucedió para que despidiesen al profesor y le adjudicasen una sentencia en los tribunales.
Ninguno, ninguno de los presentes muertos en aquella aula en la que ahora se encontraban la ayudaron en nada. Le dieron la espalda, sus amigos, los profesores, el director del colegio... pues don Augusto Tormento era un profesor muy bien preciado por el instituto y, además, era bien conocido que su mejor amiga no se llevaba bien con dicho profesor, con lo cual no les creyeron.
Ambas, con el paso del tiempo, decidieron olvidar lo ocurrido, era lo mejor. Las dos siempre habían estado muy unidas, el apoyo que Dana le ofreció a su mejor amiga era el mayor tesoro que su amiga guardaba en el corazón. Pero desde que empezaron la universidad se distanciaron, discutieron y se perdieron mutuamente, aunque ambas sabían que volverían a encontrarse. Lo que Dana nunca se esperaba es que fuese de aquella manera.
Aquella pregunta que le hizo su mejor amiga solo fue contestada con silencio.

-He dicho que si sabes por qué estás aquí - insistió su amiga conteniendo una violencia evidente.
-Eso quisiera saber yo - contestó Dana sin ningún temor.

Ante aquel panorama de unas veinte personas muertas oliendo a sangre fresca, una amiga enfadada sujetando un enorme cuchillo en la mano, y la visión de la silueta oscura de su mejor amiga bajo ese tono cobrizo que le otorgaba la luna, lo que menos sentía ella era miedo, y eso empezó a preocuparle.
Su mejor amiga no dijo nada, y giró la cabeza hacia el frente, dándole por completo la espalda. Tras una pausa, empezó a caminar hacia delante unos tres pasos y luego giró bruscamente encontrándose ambas miradas después de tanto tiempo sin verse.

Dana entonces sintió una vibración en su interior, expectante de lo que su mejor amiga tenía pensado hacerle, teniendo en cuenta todas las muertes que acababa de provocar. Pero aquel peligro inminente le estaba comenzando a excitar bastante. Su mejor amiga, en actitud violenta y dominante, llevaba un vestido color burdeos apretado por arriba y ancho por abajo, no llevaba zapatos, sus pies y manos estaban llenos de sangre, al igual que el vestido, su pelo estaba alborotado y teñido por la luz anaranjada de la luna, y su mirada furtiva se clavaba en sus ojos como espadas. Solo con la mirada ya la estaba asesinando.

Dana tragó saliva, y su mejor amiga comenzó a caminar lento hacia ella mientras esquivaba algunos de los muertos que había en medio. Se situó delante de ella, elevó un poco el cuchillo y comenzó a acariciar su cuello con él mientras le dejaba rastros de sangre.

-¿Qué crees que te voy a hacer? - preguntó su mejor amiga, esta vez con una voz más sensual, pero siguiendo con cierta violencia.
-Hazme lo que quieras, no te tengo miedo - contestó Dana seguido de un escalofrío que recorrió todo su cuerpo.
Su mejor amiga notó cómo se le puso la piel de gallina mientras pasaba el cuchillo por su cuello y empezó a bajar por el hombro.
''¡Ras!''
Le rompió el tirante de la camiseta de un cuchillazo. Dana pegó un bote, pero no sabía si lo hizo por miedo o porque la violencia con la que lo hizo le provocó como un mini orgasmo.
Dana sentía cómo se excitaba cada vez más, pero no conseguía explicarse por qué. ¡Se supone que tendría que estar inmersa en el pánico suplicando por su vida! Estaba tan sorprendida con su reacción ante aquella situación, que hasta había olvidado que en cualquier momento podía ser asesinada. Aunque cada vez que lo pensaba, ¡se ponía aún más caliente!

Entonces paró a pensar un poco en frío, y miró a su amiga. Ella no sabía si su mejor amiga estaba notando lo excitada que se estaba poniendo, pero quería disimularlo al máximo.

''¡Ras!''

El otro tirante también fue destruido, y volvió a pegar otro bote. Su respiración empezó a acelerarse, no podía mirar a su amiga a la cara pues aquella mirada amenazante y aquel pelo alborotado la volvía loca.
Su amiga entonces le puso el cuchillo en la barbilla y le empujó la cabeza hacia arriba con él para que la mirase.
Ambas se miraron, y aquellos ojos que no tenían vida antes, de repente, cobraron vida, como si del vacío hubiese surgido el fuego dentro de ellos.

-No pareces muy asustada - dijo la amiga con cierta ironía.
Dana se sonrojó un poco e intentó mirar al suelo, pero el cuchillo seguía en su barbilla y al intentar quitar la cabeza su amiga hizo un movimiento violento y le rajó una mejilla.

-¡¡¡Aaaahhh!!! - gritó de dolor.
-¡Quiero que me mires, ¿entendido?! - dijo amenazante su amiga, y seguidamente se agachó poniéndose justo delante de ella.
-¿Cuándo me vas a soltar de esta silla? - dijo Dana enfadada.
Aunque le había dolido el cuchillazo, en ese momento, al tener aquella hermosa cara frente a sus ojos, y sintiendo el dolor que le estaba provocando la herida, no pudo evitar sentir cómo cayó de repente una buena cantidad de flujo en su ropa interior.
-Cuando estés muerta te soltaré - contestó, y rió macabramente.

Dana empezó a sentirse muy violenta. Quería quitarse las cuerdas a la fuerza pero no podía ya que tenía los brazos atados. Tenía ganas de poder soltarse para empujar a su mejor amiga y pegarle una paliza muy fuerte, y seguidamente comérsela a besos.

Su mejor amiga apoyó sus brazos sobre las piernas de Dana y comenzó a acariciar la herida que le acababa de provocar. Empezó a juguetear con la sangre y a recorrer su cara y su cuello dibujando líneas con ella. Ambas comenzaron a respirar a la par aceleradamente, incluso parecía que a veces gemían, pues el dolor y la sangre les ponía muchísimo.
Con el dedo índice lleno de sangre comenzó a acariciar sus labios, y la amiga sonrió tiernamente.

-¿Recuerdas el verano del dos mil diez? - le preguntó la amiga.

El ambiente pasó de ser violento a ser tierno en cuestión de segundos.

-Sí... - contestó Dana algo nostálgica mientras le salió una pequeña sonrisa.

-Fue mágico, y lo sabes - dijo la amiga mientras le acariciaba y prosiguió - pero tú nunca quisiste aceptar lo nuestro.

-Sabes de sobra que me gustan los chicos... - dijo Dana sin atreverse a mirarle a la cara.

-¡Mentira! - dijo la amiga mientras retiraba sus brazos de las piernas de ella - ¡No podemos haber llegado a esto y tú seguir negándolo!

La amiga volvió a coger el cuchillo y se lo puso sobre sus labios.

-¿Me vas a decir que aquel beso fue de mentira, eh?

Dana se empezó a poner nerviosa, pues su amiga cada vez se estaba poniendo más violenta y eso, no sabía por qué, la ponía muy caliente.

-¿Y qué me dices de aquellos pezones duros que se te pusieron, eh? - le decía la amiga mientras le agarraba las tetas a través de la camiseta con ambas manos sin soltar el cuchillo, subiendo y bajándole aquellos enormes pechos - incluso ahora los tienes duros...

Dana comenzó a moverse para intentar desatarse pues necesitaba huir, no del peligro inminente de poder ser asesinada, sino de aquella tensión sexual tan elevada que estaba sintiendo. Sentir las manos calientes de su mejor amiga sobre sus pechos la estaba haciendo perder el control.

-¿Y recuerdas los orgasmos interminables que te di aquella noche de verano, eh? ¿Lo recuerdas? - le dijo su amiga, y se hizo el silencio. La amiga se quedó mirándola apunto de tocarle por encima del pantalón, casi tocaba la mano el contorno de su clítoris, y eso le provocaba mucha excitación, quería que la tocase ya pero no lo hacía, y no lo hizo.

-Espero que lo recuerdes.


(...)

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