viernes, 3 de febrero de 2012

Mudando piel muerta.

Ya no me parece tan dura la vida. Cierto es que sigo percibiéndola tal y como es. Pero ahora no me apetece estar enterrada en el hoyo. 
En estos últimos meses he podido percibir una muerte grave de mi alma. Una de las muchas que han habido a lo largo de mi vida. Y siempre acaba resucitando, pero es eterno el tiempo en el que mi alma se encuentra como si estuviese bajo los efectos del síndrome de Cotard, una enfermedad en el que alguien vivo asegura estar muerto. El individuo puede llegar hasta a olerse a sí mismo a podrido. Así es como mi alma se ha encontrado durante estos meses. O más bien años, aunque a veces me pregunto, ¿alguna vez estuve viva? 
Y ahora no me apetece pensar así. Sé que hay una única cosa capaz de resucitar a mi alma: el Amor. 
El amor es lo que la hace vivir. Solo cuando he amado y he sido (o creído ser) correspondida es cuando mi alma se levanta al mundo. Y luego vuelve a tumbarse. 
La única explicación que le encuentro a todo este melodrama que me he montado, la ''muerte en vida'', no es más que el alcohol, al cual fui destinada por desamor. Sí, así de simple, tanta metáfora tan solo para que detrás de todo esto no haya más que alcohol y mala vida. Ése es el origen. Antes era libre de ser quien yo era. Desde que empecé a utilizar el alcohol para enfrentarme a situaciones que requerían valor, mi inconsciencia se hizo la idea de que era incapaz de enfrentar cualquier situación sin estar borracha. Eso me hizo cobarde. 
Y me hizo creer que para ser divertida y atractiva necesitase de esa sustancia. 
No es verdad, porque lo he comprobado. Salir por la mañana a tomar el sol, pasear por la playa, montar en bici, nadar, leer... son cosas que regeneran mi cerebro y me hacen sentir que  PUEDO, por mí misma sin depender de nada más. Ahora me siento capaz, a la vez que valiente. Y siento cierto rechazo hacia lo que me destruyó, mi querido enemigo el alcohol. Él fue el origen de la degradación de mi ser y mi autoconsciencia. Y fui guiada hacia él por desamor, por la soledad. 
Lástima que mucha gente de mi alrededor aún no se den cuenta de todo esto, o, lo que es peor, se hayan dado cuenta y no lo quieran dejar.

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