jueves, 12 de noviembre de 2020

Poseída.

Te quiero poseer. 
No. No quiero que hables. No digas nada. No eres nadie.
Solo te quiero poseer. 
Porque eres parte de mi alma. Tu propia alma no vale nada.
Te quiero controlar. 
Si hablas te voy a reventar. No quiero que digas nada, vaya a ser que digas que no me amas.
Eres mía, no puedes escapar. Nunca volverás a tu hogar. Vaya a ser que prefieras aquel lugar.
¡Te quiero poseer y no te voy a soltar! Harás lo que yo diga sin rechistar. 
Y si te escapas... si te escapas...
Me quiero controlar. Si no lo hago, igual tus gritos se oirán. 
No quiero que te vayas. Si te vas, no seré yo ya.
No encuentro mi lugar. Por eso tienes que ser mi lugar. Nunca te marcharás.
Tú calla, ¡zorra!, no tienes nada que opinar. ¡Me cago en la ostia ya! 
Te arrancaré a pedazos cada peldaño de autoestima que te quede. 
Así te tendré, frágil, entera para mí. 
Quiero poseerte, cariño, y como un demonio tú me poseerás a mí.

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